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martes, 29 de julio de 2014

Necrópolis de la Ciudad del Vaticano

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El descenso a la necrópolis posiblemente es una de las visitas menos conocidas de la Ciudad del Vaticano, y una de la más emocionantes que se puede hacer en Roma. Se accede a través de una puerta lateral del Vaticano, se pasa por un control de policía y otro de la guardia suiza. Una vez que estás dentro con la guía y el pequeño grupo de visitantes te das cuenta que esta es una de las cosas más especiales que hay en Roma. Es un viaje al pasado, que dura una hora y media, a un cementerio romano pagano de familias adineradas  que se ha conservado durante cientos y cientos de años cubierto de tierra para hacer la Basílica. En un punto determinado puedes ver la tumba de San Pedro, la auténtica, se supone, obviamente no tan de cerca como las otras.

La necrópolis tiene su origen en la época del emperador Nerón y las ejecuciones de cristianos en el circo, uno de ellos el Apóstol  Pedro. Su cuerpo fue sepultado en la antigua Via Cornelia junto con cientos de devotos de Cristo. Con el paso de los años la sepultura se convirtió en un punto de peregrinación y se erigió un modesto monumento llamado “Trofeo” encima de los restos de San Pedro. En el año 319 el emperador Constantino eligió este lugar para la construcción de una basílica. Las catacumbas y el cementerio romano fueron cubiertas por tierra y otros materiales que soportaran los cimientos del templo. El emperador para proteger los restos del Apóstol selló el "Trofeo". Con el paso de los años la basílica fue destruida para levantar la actual Basílica de San Pedro.

Los trabajos de excavación fueron impulsados por el Papa Pío XII en 1949 en el lugar donde la leyenda indicaba que se encontraba el cuerpo de San Pedro. El resultado y para sorpresa de todos fue el descubrimiento de un grupo de sepulcros excelentemente conservados. Bajo el suelo de la basílica hay dos niveles; las Grutas Vaticanas con tumbas y capillas de reyes, reinas y papas desde el siglo X en adelante, y la necrópolis que desciende hasta 11 metros de profundidad. 
La necrópolis abierta al público comprende 22 mausoleos distribuidos a ambos lados de una calle. Con sepulturas romanas ricas en elementos decorativos y con inscripciones y lápidas con el nombre de la familia y los cargos de la misma. La visita finaliza en el llamado “Punto P”, que se encuentra bajo el altar Papal de la actual Basílica, en una pequeña plaza tras un hueco abierto en el muro se encuentran los restos del Apóstol, junto a él, una inscripción datada en el año 160 que dice “Petro Eni”, en griego: “Pedro está aquí”.
Antes de entrar a la necrópolis se puede visitar un cementerio alemán que hay enfrente a la puerta de ingreso. Es interesante por los restos arqueológicos que hay dentro. 

Conseguir la entrada para la necrópolis es una pequeña aventura. Hay que escribir un correo electrónico solicitando reserva para una fecha e idioma de la visita, responden rápidamente dándote las indicaciones a seguir. Te ofrecen días y tienes que elegir el que te convenga, tienes que pagar en el periodo de tiempo que te indican, y ya tienes la entrada. El esfuerzo merece la pena, es una experiencia impactante, realmente en la necrópolis se comprende el sentido del Vaticano.
Os informo que es un lugar profundo, con un alto grado de humedad de espacios pequeños lo que puede hacer la visita un poco incomoda.    

Información, reserva y compra de billetes
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2 comentarios:

  1. Hola Rafael, cuando leí "El Código da Vinci" creo recordar que hacía referencia a la ubicación de la tumba de Pedro, situándola exactamente bajo la vertical de la linterna de la cúpula de Miguel Ángel. Es una "licencia" más que se ha tomado el autor, no?

    ¿Qué tal el verano romano? ¿Pasando mucho calor?

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  2. Hola Juan Carlos, efectivamente la tumba de San Pedro coincide con la vertical de la cúpula de la basílica.
    Del verano romano te cuento poco, siempre lo paso fuera, en el mar y con un buen libro. Ahora estoy en España, pasando unos días antes de incorporarme al trabajo.
    Un abrazo
    Rafael.

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